Medio Ambiente, Seguridad
Cuando se quema la sierra: incendios, bosques y el agua de Monterrey
Introducción
El bosque de la Sierra Madre es la esponja que da de beber a Monterrey. Cuando se quema, no solo perdemos árboles: perdemos agua, y las lluvias se vuelven inundaciones. Qué está pasando, qué se está haciendo y qué podemos hacer los senderistas.
El bosque es una esponja
El 65% del agua que llega a los hogares de Monterrey proviene de la Sierra de Santiago y del Parque Nacional Cumbres de Monterrey. La cobertura vegetal del bosque intercepta parte de la lluvia y el suelo tiene una enorme capacidad de infiltrar y retener el agua. Ese bosque funciona como una esponja natural: capta el agua que luego bebemos. El Plan Hídrico Nuevo León 2050 lo confirma: identifica a la Sierra Madre Oriental como la cuenca mejor conservada del estado y una zona de importante captación de agua, y recuerda que el 43% del agua que usa Nuevo León proviene de fuentes subterráneas, los acuíferos que recargamos cuando el suelo infiltra la lluvia.
Cuando hay incendios, se pierde esa esponja. Sin cobertura vegetal, el agua ya no se capta, y sin captación no hay agua en las casas. Es exactamente lo que vivimos hace unos años con la crisis de escasez de 2022.
Piénsalo así: sin bosque ni suelo sano, es como dejar caer agua sobre una resbaladilla: baja rapidísimo y se va. Lo que buscamos es lo contrario: que el agua se quede en el suelo y se vaya trasminando al subsuelo, donde hay ríos por debajo de la tierra que después alimentan fuentes de agua como el Socavón de San Francisco en Santiago o las presas. Y aunque solemos sentir que llueve mucho, la realidad es que la lluvia aquí es escasa e irregular, y buena parte cae concentrada en unos pocos días del año. La meta es captar lo más que podamos e ir usándola durante muchos años, en lugar de que ríos y presas se llenen de un día para otro y tengamos que dejarla ir, como pasó con la tormenta tropical Alberto en 2024, cuando las presas se llenaron en cuestión de días y terminamos tirando agua. Si logramos que esa agua se capte en el subsuelo, la tendremos por muchos más años.
De dónde viene y por qué escasea el agua de Monterrey
Nuevo León es una región semidesértica. Según el Plan Hídrico Nuevo León 2050, la precipitación media anual del estado es de apenas 542 mm (periodo 1981-2010), escasa e irregular. Para darle contexto: la Ciudad de México ronda los 700 mm al año y Guadalajara supera los 900 mm, casi el doble que Monterrey. El Área Metropolitana se ubica en la cuenca del río San Juan y su agua potable proviene, a grandes rasgos, en un 60% de fuentes superficiales y 40% de subterráneas. Las tres presas que abastecen la ciudad están lejos: La Boca (a unos 30 km, en operación desde 1965), Cerro Prieto (a unos 135 km, desde 1984) y El Cuchillo (a unos 120 km, desde 1994). A ellas se suman dos presas más en construcción para reforzar el abastecimiento: la presa Libertad y la presa León, en la zona de Linares y Montemorelos.
Por eso la región vive bajo estrés hídrico: la zona hidrológica del río Bravo está clasificada con un grado de presión del 77.1%. Y cuando falla la lluvia, el sistema se tambalea: durante la sequía de 2011-2013, en septiembre de 2013 las principales presas llegaron a estar al 19.8% de su capacidad, con el abastecimiento al borde del colapso. En este contexto, cada gota que el bosque y el suelo logren infiltrar en la montaña vale oro.
Lo que dejaron los incendios
Tras los grandes incendios, alrededor de 21,800 hectáreas se vieron afectadas en la cuenca; de esas, la autoridad determinó unas 3,800 hectáreas como prioritarias para restaurar. El resto o se recupera de forma natural o son acantilados y paredes verticales a los que simplemente no se puede acceder. Asociaciones como Amigos de la Sierra A.C. ya han trabajado arduamente estos últimos años y han restaurado más de diez mil hectáreas.
El bosque quemado pierde su papel benéfico: deja de infiltrar agua, de regular la temperatura y de prevenir inundaciones. Por eso, después de 2021, cada vez que llovía fuerte veíamos el arrastre de aguas con sedimentos negros y carreteras bloqueadas por toneladas de rocas. Esto llegó incluso a un caso fatal recientemente, cuando una de estas corrientes causó un accidente mortal en la zona. Sin el efecto protector del bosque y del suelo, la lluvia baja de la cuenca y llega a la ciudad con toda su fuerza destructiva.
El problema es más grande que un solo incendio. El Plan Hídrico Nuevo León 2050 calcula que el estado perdió 15.3% de su vegetación natural (969,828 hectáreas) en poco más de una década (1997-2013), y que la cuenca Río Bravo–San Juan, la de Monterrey, pierde en promedio 12,142 hectáreas de vegetación natural al año. Y las inundaciones que siguen no son baratas: solo cuatro eventos de ciclones tropicales entre 2010 y 2013 dejaron pérdidas por cerca de 25 mil millones de pesos en Nuevo León; el huracán Alex, en 2010, costó por sí solo unos 21,500 millones.
La evidencia de la restauración
La buena noticia es que restaurar sí sirve, y hay datos que lo respaldan. En zonas como San José de las Boquillas, La Jacinta y La Camotera se han hecho obras de restauración de suelos: barreras de piedra acomodada, material vegetal, geoceldas y gaviones que retienen el suelo cuando llueve, en lugar de dejar que el agua arrastre las cenizas.
Midiendo el nivel del agua subterránea todos los días, se vio algo contundente: antes de 2021 la línea de tendencia venía en bajada. Después de iniciar las obras de restauración en 2022, la tendencia se volvió ascendente: el nivel del agua en las zonas restauradas va en aumento. La pregunta que queda flotando es inquietante: ¿qué habría pasado con las lluvias intensas de la tormenta Alberto si no hubiéramos tenido esas hectáreas en restauración?
El propio Plan Hídrico Nuevo León 2050 lo respalda: mediante acciones en la cuenca alta (reforestación, obras de restauración y pequeñas presas de gaviones) es posible controlar los escurrimientos pequeños y retener sedimentos. Esas mismas acciones de protección contra la erosión y restauración en las partes altas reducen el escurrimiento y ayudan a que el agua se infiltre hacia los acuíferos. Es justo la 'esponja' de la que hablábamos, pero reconstruida a mano.
Tres reglas del senderista contra el fuego
Como senderistas podemos incidir directamente. Tres acciones concretas:
1. Nunca hagas fogatas. El riesgo de que el fuego se escape es altísimo, incluso para brigadistas capacitados y sin viento. Además es ilegal: al ser el Parque Nacional y muchas de las veredas de Monterrey propiedad privada, los dueños tienen derecho a denunciarte. Mejor lleva comida que no requiera fuego.
2. Cuando veas un montículo de fogata, desmántelalo. Esta es la regla de oro: si ves las rocas acomodadas en círculo con tierra y leños a medio quemar, quita las piedras y deshaz el montículo. Visualmente es una invitación a que la siguiente persona (muchas veces alguien nuevo en el deporte) haga una fogata ahí.
3. No dejes vidrio ni basura. Los cristales tirados pueden producir efecto lupa y, con las condiciones adecuadas, iniciar un incendio.
Cómo puedes ayudar, comparte y aprende
Lo que más necesitamos en este punto es educación. La forma más sencilla y poderosa de ayudar es compartir esta información: pasa este artículo, y la próxima vez que subas al cerro llega más informado. Cuando veas a alguien a punto de prender una fogata, explícale por qué no se hace: que el fuego se escapa con facilidad, que es ilegal y que puede dejar sin agua a toda la ciudad. Un senderista que entiende el porqué cuida mejor la montaña y enseña a los demás.
Y si quieres dar un paso más, inscríbete a nuestros voluntariados: hacemos capacitaciones contra incendios forestales y recorridos con causa donde aprendes a fondo sobre estos temas, además de colaboraciones con otras asociaciones (como Amigos de la Sierra A.C.) para realizar reforestaciones. Cuidar el bosque es cuidar el agua de todos, y se aprende haciendo.
Referencias
- Conferencia "Evolución del bosque tras incendios en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey", por Antonio Hernández Ramírez (Pronatura Noreste), en la transmisión del Colectivo por un Senderismo Seguro y Sustentable.
- Fondo de Agua Metropolitano de Monterrey (FAMM). (2018). Plan Hídrico Nuevo León 2050.
