Medio Ambiente, Vida Silvestre, Cultura
El Parque Nacional Cumbres de Monterrey
Introducción
Cada vez que subimos a la Huasteca, a Chipinque o a la Sierra de Santiago, pisamos uno de los parques nacionales más grandes y biodiversos de México. Esto es lo que hace tan especial y tan frágil al Parque Nacional Cumbres de Monterrey.
Un parque del tamaño de una ciudad
El Parque Nacional Cumbres de Monterrey es enorme: en su decreto de redelimitación (publicado en el Diario Oficial de la Federación el 17 de octubre de 2000) quedó con una extensión de 177,395 hectáreas, repartidas en ocho municipios: Allende, García, Montemorelos, Monterrey, Rayones, Santa Catarina, Santiago y San Pedro Garza García. Es, literalmente, la montaña que rodea y define a la ciudad.
Y antes era todavía más grande: cuando Lázaro Cárdenas lo declaró Área Natural Protegida, por decreto del 24 de noviembre de 1939, abarcaba 246,500 hectáreas (el parque más grande de México en su momento) e incluía más zonas hacia Santiago y la Carretera Nacional que la redelimitación del año 2000 dejó fuera. Ya entonces sus objetivos eran los mismos que hoy nos preocupan: mantener el equilibrio hídrico de la región a través de la cubierta vegetal, evitar la erosión y controlar las inundaciones del río Santa Catarina.
Aun así sigue siendo gigante: es el parque nacional terrestre más grande de México (los más extensos del país son marinos). Para darle escala, sus casi 1,774 km² lo harían más grande que parques estadounidenses como Zion, Rocky Mountain o Grand Teton, y comparable a Sequoia; quedaría a media tabla entre los más de 60 parques nacionales de Estados Unidos.
Un tesoro de biodiversidad
Estas montañas están entre las más ricas en vida de todo México. El parque alberga al menos 1,368 especies de flora y fauna, de las cuales 73 están en algún estatus de riesgo. Para dimensionarlo, según el Programa de Conservación y Manejo el parque concentra alrededor de 280 especies de aves (de las 1,050 que hay en todo el país), 71 de mamíferos, 58 de reptiles, 14 de anfibios y 271 de artrópodos.
La zona tiene la segunda mayor concentración de especies de pinos y encinos del país, y ocupa el primer lugar de México en endemismos de aves. Por eso la CONABIO la reconoce como Región Terrestre Prioritaria y como un corredor biológico clave: la Sierra Madre Oriental funciona como un puente de bosques templados que conecta ecosistemas del norte con los del sur.
Quién vive aquí
Compartimos el sendero con vecinos extraordinarios. En el parque habita el oso negro (Ursus americanus eremicus), en peligro de extinción, y la cotorra serrana oriental (Rhynchopsitta terrisi), un ave endémica de la Sierra Madre Oriental con una población menor a 2,000 individuos que anida en los bosques de pino-encino. También el ocelote, el jaguarundi, el halcón peregrino y el tecolote moteado.
El parque tampoco está deshabitado: dentro de sus límites viven alrededor de 2,200 personas repartidas en unos 34 núcleos de población (ejidos y comunidades como Laguna de Sánchez, Ciénega de González, San Antonio de la Osamenta o La Trinidad), cuyas familias llevan generaciones cuidando la montaña y dependiendo de ella.
Y no siempre el oso negro fue el único: hace siglos también habitó estas sierras el oso grizzly, hoy extinto en la región. Lo contamos a fondo en nuestro artículo Todo sobre el Oso Negro Americano en Nuevo León, donde además verás que el Parque Cumbres alberga la mayor población de osos negros del estado.
Y cada invierno recibe a una viajera célebre: la mariposa monarca. La Sierra Madre es el primer gran macizo montañoso con bosque en su ruta de migración desde el noreste de Estados Unidos y Canadá; solían llegar con puntualidad entre la última semana de octubre y la primera de noviembre, y regresar a inicios de marzo. Ver esa fidelidad al calendario es un recordatorio de por qué vale la pena cuidar el bosque que las recibe.
El bosque de pino-encino, un ecosistema en transición
Una de las cosas más asombrosas del parque es cuánto cambia con la altura, y sobre todo cómo se mezclan los ecosistemas. En las partes bajas y secas dominan los matorrales desérticos (rosetófilo, micrófilo y submontano), con lechuguilla, gobernadora, chaparro prieto y cenizo. Conforme subimos y aumenta la humedad aparecen los chaparrales y los bosques de pino-encino, y en las cañadas frescas el bosque de galería, con ahuehuetes, álamos y sauces junto a los ríos.
Lo que lo hace único es que es un bosque en transición: un punto de encuentro donde conviven mundos que normalmente no se tocan. Aquí crece una enorme variedad de pinos (piñonero, arizónica, pino real, pino chino, entre otros) codo a codo con flora del desierto como nopales, lechuguilla y agaves. Ver un pino dando sombra a un nopal resume la rareza de esta sierra.
En lo más alto, arriba de los 2,500 metros, sobreviven joyas relictas de climas más fríos: el pinabete, el ayarín (Pseudotsuga menziesii), el guayamel blanco (Abies vejari) y hasta el rarísimo Picea mexicana. Subir una de estas montañas es, en pocas horas, cruzar del desierto a un bosque templado. Ese contraste altitudinal es justo lo que hace único al paisaje que tanto disfrutamos.
El parque que recolecta agua a Monterrey
Más allá de su belleza, el parque cumple una función vital: alrededor del 50% del agua que abastece a más de 5 millones de habitantes de Monterrey y su área metropolitana se capta en el Parque. La cubierta vegetal y el suelo actúan como una esponja que infiltra la lluvia y alimenta los ríos y acuíferos de los que bebemos.
Por eso cuidar la montaña no es solo una causa ambiental abstracta: es cuidar el agua que sale de nuestras llaves. Cuando se pierde el bosque por incendios o por el avance de la mancha urbana, se debilita el sistema natural que da agua y frena las inundaciones a toda la ciudad.
Reglas importantes a considerar
El crecimiento de Monterrey ejerce una presión enorme sobre el parque: cambio de uso de suelo, asentamientos en zonas de riesgo, sobreuso de senderos. Y como dentro viven familias y comunidades, visitarlo bien es tanto una cuestión ambiental como de respeto. Lo básico que debemos tener presente:
No hagas fogatas. El riesgo de incendio es altísimo y está prohibido.
Pide siempre permiso para entrar a una propiedad. Buena parte del parque es tierra privada o ejidal.
Cierra las puertas y portones que abras. Hay ganado suelto y muchas familias dependen de esa ganadería.
Si vas en vehículo 4x4, no te salgas del camino y respeta los límites de velocidad: no son carreteras de alta velocidad, y ha habido casos de ejidatarios y ganado atropellados por razers.
Llévate toda tu basura.
Sé amable con los lugareños. Son quienes cuidan la montaña todos los días.
Cuidar estas cumbres es cuidar nuestro patrimonio, nuestra agua, la vida silvestre y a las comunidades que solo existen aquí.
Referencias
- CONANP (2006). Programa de Conservación y Manejo Parque Nacional Cumbres de Monterrey. Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, SEMARNAT. México, diciembre de 2006.
